El mito de los perros peligrosos PPP

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Una famosa película de Hollywood contenía una frase muy interesante: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”*.

En líneas generales y sin entrar en consideraciones biológicas, la raza humana se diferencia de los demás animales por su raciocinio y, dicho de manera coloquial, su inteligencia “superior”. Pero, ¿qué ha hecho el hombre con éstos “poderes” que la naturaleza le ha otorgado?

El hombre es la especie que domina en el planeta, y ha hecho uso -y abuso- de los recursos naturales y de las demás especies.

Con respecto al problema de los perros denominados como peligrosos, debemos remarcar y recordar que el carácter del perro es formado mediante la crianza. Los perros -salvo que posean alguna enfermedad- se comportan de acuerdo a cómo han sido criados, y también en respuesta a las situaciones que viven.

Uno de los mayores errores que cometemos quienes tenemos un perro viviendo en casa, es la humanización del animal. Intentamos ver en ellos las actitudes propias del humano, y malinterpretamos su comportamiento.

La falta de educación acerca del comportamiento canino es causa de situaciones desagradables y peligrosas, pero la culpa en casi todos los casos es de un humano, ya sea de quien lo crió, de quien lo cuida o de quien es atacado por el mismo.

Cuando se realiza un listado de razas peligrosas, siempre las que son incluidas en él, son las razas de mayores tamaños y/o de mayor fuerza. Ésto es lógico, ya que un animal con más peso y tamaño puede tener más fuerza que uno de raza pequeña. Pero, ¿el tamaño o la fuerza bastan para catalogar a un perro como peligroso? Un perro de raza pequeña puede ser más agresivo que cualquier raza grande, la diferencia radica en el daño que puede causar uno y el otro. Y el peligro se encuentra allí, en la agresividad. No en el tamaño, fuerza o raza.

Un dato muy importante a tener en cuenta, es que la agresividad puede darse por causas orgánicas o inorgánicas. Se consideran orgánicas aquellas causas físicas que afectan al animal, y que son fácilmente detectables en la exploración, como el dolor, la debilidad y la desorientación. También pueden ser difíciles de detectar a primera vista, como el hipotiroidismo, la hidrocefalia, los tumores intracraneales, y otras condiciones excepcionales. Entre las causas no orgánicas, que son la mayoría de los casos de agresividad canina, se encuentran los instintos, que se pueden agrupar en: agresividad por dominancia, territorialidad o miedo.

Lo que podemos concluir de ésta clasificación, es que la falta de información y conocimiento sobre las causas de la agresividad es lo que en realidad ocasiona las situaciones desagradables o de peligro vividas con cualquier tamaño o raza de perro. Además debemos destacar que la mayoría de los propietarios de perros de cualquier raza, desconoce el “lenguaje” corporal de los mismos.

Dicho ésto, si los animales se mueven por sus instintos, y los humanos por nuestro raciocinio, informarnos y conocer sobre comportamiento canino es nuestra responsabilidad. No es recomendable la tenencia de un animal de gran tamaño si no estamos preparados para ello. Educarnos y educar a nuestros hijos, amigos y vecinos, nos ayudará a evitar accidentes indeseados.

* La frase pertenece a El Hombre Araña