Peleas de perros, una asignatura pendiente

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Hasta 6.000 euros se llega a apostar en una sola pelea de perros en España. Estos sanguinarios combates se han popularizado en toda Europa y el mundo entero en los últimos años, aunque por fortuna muchos gobiernos han tomado cartas en el asunto y han implementado leyes para prohibir tanta crueldad.

Claro que nunca es suficiente, pues quienes organizan estos sangrientos shows los hacen cada vez más clandestinos.

Las leyes españolas, por ejemplo, han debido endurecerse en los últimos años en este aspecto, como ocurrió con la reforma del Código Penal que ahora contempla de 3 meses a un año de prisión para quien maltrate un animal doméstico o amansado. Pero aun así la Guardia Civil reportó que en 2014 detuvieron a 27 personas e imputaron a 134 por maltrato animal en toda España. Y decenas de personas reportan cada mes que han presenciado peleas de perros a plena luz del día.

En Vizcaya también se lamenta la impunidad, como lo confirmó una señora que, aunque se dedica a recoger perros maltratados, por temor prefirió permanecer en el anonimato cuando fue abordada por un micrófono y una cámara. “En Vizcaya lamentablemente son cientos de peleas clandestinas que se hacen a diario. Millones en todo el año”, indicó esta residente del barrio de Bolutea. “Desde hace años se han visto perros en bastante mal estado en la calle, con mordeduras, maltratados. Perras que solo las tienen para criar, enfermas y con las tetas hasta el suelo. Muchos de los perros que ponen a pelear son robados. Usan perras en celo para atraer a los machos, y otras veces simplemente pasan con una furgoneta por las calles y si ven un perro, de la calle o domesticado, se lo llevan”.

La raza más usada es la Pitbull, aunque también los rottweilers y los bulldogs son masacrados en estos eventos ilegales.

Costa Rica se unió a la lucha

Esta misma calamidad se sufre en Costa Rica, de acuerdo a las denuncias de varia asociaciones protectoras de animales, aunque en el 2015 las cifras de perros maltratados se han reducido de manera considerable, gracias a la ley vigente desde finales de 2014, que prohíbe la lucha de canes y cualquier actividad en la que estos animales salgan heridos.

“Estamos sumamente contentos, pues en las calles del país ya no se consiguen tantos perritos golpeados”, explicó Cynthia Dent, directora de Humane Society International- Latin América, con sede en el país tico. “No me atrevo a decir que las peleas se han erradicado 100%, porque hay personas que siempre buscan la forma de quebrantar la ley. Pero con toda seguridad, estas espantosas prácticas ya casi no se ven en Costa Rica”.

Carteles involucrados

Es normal que el mundo de las apuestas siempre se encuentre relacionado con el de las drogas y la ilegalidad. Por supuesto que las peleas de perros, un negocio en el que se manejan cifras millonarias, no es la excepción. Desde hace varios años las autoridades mexicanas determinaron que varios grupos delictivos como los Zetas y el Cartel de Tijuana organizan peleas ilegales, en las que anualmente se mueven millones de dólares, obtenidos del contrabando de drogas. Claro que en México, donde estas actividades están prohibidas en casi todos los estados, se presenta una situación especial pues varios de estos carteles se encuentran radicados en zonas rurales totalmente dominadas, donde la policía no puede llegar.

Los funcionarios confirmaron que los delincuentes cuentan con sus propios criaderos de perros, donde se reproducen por centenares cada mes.

Agresividad aprendida

Los perros de raza pitbull tienen la fama de ser los más agresivos, pero esto tiene una razón. Diversos estudios han determinado que ningún perro es agresivo por nacimiento. La maldad no viene en los genes. Lo que ocurre muchas veces es que, por ejemplo, cuando los perros logran sobrevivir a varias peleas, debido a tanto maltrato ya no se encuentran en condiciones de enfrentarse o han envejecido, los sueltan a la calle con toda la agresividad aprendida. Así, se han reportado muchos ataques de pitbulls hacia otros animales y personas.

La fama no lo pudo salvar

Es bien conocido que Estados Unidos es uno de los países más férreos y organizados en materia de protección animal. Por tanto, ni la fama o su condición de estrella de fútbol americano pudo salvar a Michael Vick. Este mariscal de campo tuvo que cumplir 18 meses en prisión a causa de organizar peleas de perros y apostar. Todo luego de que en el 2007 la policía hallara en su hogar una arena de pelea, jaulas y 66 perros que eran destinados a las riñas.

El escándalo conmocionó al mundo del deporte, pues para entonces Vick se hallaba en el mejor momento de su carrera. No fue fácil para este atleta oriundo de Virginia recuperar la estabilidad. En este momento se puede decir que se trata de una historia dejada atrás, pues Vick volvió a la estelaridad en su profesión, pero la mancha en su reputación lo acompañará por siempre. En su momento hubo incluso quien solicitara la pena de muerte como castigo.

Ahora el deportista asiste a colegios y universidades para ofrecer charlas orientadas a que los jóvenes se alejen del mundo de las peleas de animales, mostrando su caso como ejemplo de las consecuencias.

Razas prohibidas

Aunque el ser humano es el culpable, son los animales quienes pagan. A causa de su mala fama la raza pitbull es prohibida en varios estados de Estados Unidos. Pero no son los únicos. Por ejemplo, por “razones de seguridad” y por “incidentes ocurridos en nuestro país y otros del mundo” el gobierno de Dinamarca vetó a sus habitantes que tuvieran Bulldogs americanos, otra estirpe que se ve en las peleas de perros.

Lo mismo ocurre con la raza Tosa Inu en Noruega y Malta. Muchos tosa han sido rescatados en Estados Unidos, tras ser sometidos a combates durante años.

Algunos gobiernos creen que la mejor solución es prohibir al animal, mientras que en realidad ellos no son sino víctimas del hombre. Mejor sería seguir apretando las tuercas en materia legal y multiplicar los planes que conciencien a la sociedad sobre el tema. Queda mucho trabajo por hacer y los culpables no tienen cuatro patas… sino la mitad.

Escrito por Carlos Zambrano