El tráfico de animales alcanza a 7.000 especies

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El mundo es implacable a la hora de traficar no solo mujeres y niños, sino animales, tanto que más de 7000 especies padecen de este crimen, factor que también deja huella negativa en la economía de los cinco continentes.

De hecho, el comercio ilegal de biodiversidad ha adquirido tintes preocupantes que toca temas sociales y económicos, como lo demuestra el último informe sobre la materia, elaborado no por una ONG ecologista, sino por la Oficina de las Naciones Unidas sobre el Crimen y las Drogas, y divulgada por el diario El País. El tráfico de especies protegidas se recogen los resultados de la primera investigación exhaustiva sobre incautaciones realizadas en los últimos años.

Se han recopilado datos procedentes de 164.000 incautaciones de fauna y flora (incluye la caza furtiva) que afectan a 7.000 especies y en las que intervienen 121 países. Yuri Fedotov, director ejecutivo de la UNODC, afirma que uno de los mensajes claves que se extraen del estudio es que estos delitos “en general no se limitan a determinados países o regiones, no son operaciones con productos exóticos de tierras extrañas que se envían a mercados lejanos”.

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El caso más paradigmático es el de España, que aparece como uno de los países del mundo donde se realizan más incautaciones, por ser lugar de llegada y tránsito desde otros puntos; pero tampoco va a la zaga como lugar que genera ese tráfico. Así, aparecemos los primeros en Europa en decomisos de pieles de leopardos y del mundo en el comercio de pieles de reptiles.

“Nada como el tráfico de pieles de reptiles para confirmar nuestra posición como uno de los vértices principales del comercio ilegal de fauna y flora, al concentrar casi la tercera parte de todas las incautaciones, a mucha distancia de Singapur, que se queda en el 16%”. Así se expresa Miguel Ángel Valladares, director de Comunicación de WWF España, una de las organizaciones más combativas en este campo, que recientemente felicitaba al Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil por la incautación de 744 kilos de marfil de 74 colmillos de elefantes africanos en una casa de Colmenar de Oreja (Madrid). Otra confirmación de España como puerta de entrada de este tráfico.

Variedad de animales en Latinoamérica

El informe de la UNODC no nos señala solo por los leopardos y los reptiles. España y Portugal se reparten el dudoso honor de concentrar buena parte del comercio ilegal de loros, cacatúas, guacamayos, etc, especialmente procedentes de Latinoamérica, pero también de África e incluso Australia. Por si fuera poco, el caviar de esturión y las angulas sitúan a la península Ibérica igualmente como centro para ambos negocios ilícitos.

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En otra operación similar a la del marfil, el Seprona desarticuló a finales de mayo en España una red liderada por ciudadanos chinos que intentaba exportar a Asia 2.530 kilos de angulas escondidas en maletas y cuyo valor final podría alcanzar los cuatro millones de euros. La red estaba compuesta por 20 personas (8 fueron detenidas) que actuaban en varios puntos de España y tenían conexiones internacionales para exportar estos alevines de anguila europea, especie considerada en peligro crítico de extinción, protegida por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES).

Tras esta intervención, el Seprona informó que los investigadores aprecian un cambio sustancial en este tipo de delincuencia. En ocasiones anteriores eran ciudadanos españoles quienes desarrollaban toda esta actividad ilegal, “y en este caso la estructura y la actividad comercial, salvo la pesca de los ejemplares, que está en manos de extranjeros”. Es decir, la actividad se internacionaliza con ramas y conexiones en otros países.

Es el mensaje en el que insiste la UNODC para darle la trascendencia que merece: la internacionalización y la conexión con otras mafias asociadas al tráfico de drogas y armas. “La caza furtiva y el comercio ilegal de miles de especies en el mundo presenta no solo peligros ambientales, sino que socava el Estado de derecho por su potencial para alimentar otros conflictos”, señalan.

Desde 2013, el Programa Global para Combatir los Crímenes contra la Vida Salvaje y los Bosques de la UNODC realiza labores de asistencia técnica y sensibilización entre muy diferentes grupos de interés (no solo ambientales, sino también jurídicos, policiales, militares…) para reducir la demanda de especies protegidas, mejorar la cooperación internacional, aplicar las leyes y aumentar la prevención. Sin embargo, el informe reconoce lagunas en todos estos objetivos.

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