Los perros tienen sus vacaciones soñadas

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David Fernández Mera es el responsable de un hotel gestado en Toledo, donde alberga a más de 40 perros, de quienes bien pudiera decirse, se encuentran en sus vacaciones soñadas.

La gigantesca hacienda, en mitad del campo, cuenta con varias suites, una explanada de juegos y adiestramiento, parques, cámaras de seguridad en el perímetro y hasta una zona para los cachorros con una piscina en forma de corazón. "Ahora mismo tenemos que decir que no a mucha gente. Quizás queda algún día suelto todavía, pero estamos hasta arriba", dice Fernández Mera al diario El País.

El momento es idóneo a fin de recordar que en España existen más de 20 millones de mascotas, así que el negocio de cuidarlas en un recinto cada día crece más, aunque no aún como ocurre en otros países del viejo continente.

"Cada vez hay más clientes que buscan unas vacaciones para el perro, una salida a su rutina diaria. Les pasamos a buscar a su domicilio y vienen unos días aquí, a correr y jugar", acota Fernández.

En el Hotel Bestcan hay cuarenta habitaciones para un máximo de 60 perros, todas con calefacción para el invierno. Siete personas cuidan de ellos todos los días, con alimentación personalizada y cuidado médico en los casos que lo requieren. No están todos juntos. Hay algunos más problemáticos que no pueden estar con el resto y grupos de "amigos" que no se separan. "La base de nuestro día a día es la actividad, que los perros no paren de hacer cosas, que se diviertan y se cansen. Hay gente que trata a su mascota como si fuera un jarrón", dice David.

Historias particulares

Cada inquilino del recinto representa una historia particular de amor a los animales, como la de un cachorro rescatado por uno de los clientes que, desde entonces, paga 300 euros al mes para que el animal tenga una vida feliz. "Le habían atropellado y tuvimos que hacer mucha rehabilitación. Ahora está perfectamente. El cliente viene a veces a verlo y se lo lleva el fin de semana".

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O la de un amigo de David que compró a dos cachorros hermanos para que acompañaran a su abuela, enferma de Alzheimer. "Estuvieron con ella y el avance fue brutal: se alegraba, sonreía, se movía. Lamentablemente, la mujer falleció al poco tiempo de tenerlos y su nieto los trajo aquí porque no podía hacerse cargo de ellos. Llevan cinco años con nosotros".