Guía para cuidar a un animal de compañía recién nacido

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Tener una mascota es una responsabilidad que no debe ser tomada a la ligera, ya que habrá grandes compensaciones, pero también puede haber ciertas dificultades.

Tal y como ocurre con los seres humanos, la mascota debe recibir el trato ideal desde que se encuentra en el vientre, hasta que arriba al mundo, previo a empezar su normal desarrollo que lo llevará a convertirse en adulto. El mismo va de la mano al cuidado intensivo.

De hecho, hoy en día, están los veterinarios que realizan controles periódicamente a los animales embarazados, en pro que el pichón próximo a nacer marche sin novedades. Pues, al momento del parto, la madre debe ubicarse en la clínica veterinaria, o de lo contrario, el dueño puede pedir asistencia médica para en su propio hogar, o ejecutar dicho procedimiento.

Al momento del nacimiento de las crías, luce fundamental reservarles un espacio confortable, donde puedan sentirse a gusto en casa. Que no se olvide resguardarlos del sol y la lluvia, aunque la “habitación” debe tener ventilación, aunado a una temperatura agradable, que no llegue a los 30°C, si el lugar donde están  se encuentra frío y no está entre la escala de grados de calor adecuada, entonces habrá que colocar botellas de agua tibia o algún material térmico que otorgue algo de calefacción.

Hay que acotar que el espacio no puede dejar margen para que la cría lo abandone por sus propios recursos; en consecuencia, se recomienda que no toque la superficie, directamente.

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Primeras semanas

Al momento de su nacimiento, la mascota arriba al mundo ciego y sordo, así que el olfato es su aliada para encontrar la alimentación proveniente de la madre, quien a su vez la estimulará para que realice sus necesidades. En caso que la madre no diga presente por diversas circunstancias, pues los dueños de la mascota se verán obligados a alimentarla cada tres horas, de acuerdo a las indicaciones del veterinario.

Tras las primeras dos semanas, el cachorro empieza a tomar movilidad y peso, además de desarrollar vista y oído, lo que supone el comienzo de su transitar alrededor de la casa.

Asimismo, al mes de nacidos, la mascota ya tendría que desplazarse sin dificultades en búsqueda de su comida, y para su recreación y engranaje con hermanos (de ser el caso). También inicia su normal pero delicado tema de la mordida, puesto que sus dientes crecen, igual que su hambre.

Habrá que hacer énfasis en la comida acorde al crecimiento desenfrenado de la criatura, ya que ésta debe remojarse para mayor facilidad de consumo, puesto que pasado el mes, la leche materna deja de ser suficiente.

Momento de comer solo

Al mes y medio, toca la separación entre cría y madre para que el primero no lastime con unos dientes ya sólidos. Incluso, es factible que los dientes hayan salido completos, por lo que la comida seca, con agua tibia, se transforma en una obligación.

En el caso de gatos y perros, no se pueden cumplir dos meses de sus venidas al mundo sin el desparasitante, debido a que son muy susceptibles a estos compuestos crónicos.

Del mismo modo, hay que acostumbrarlos a bañarlos y peinarlos, lo que supone otra medida para mantenerlos aislados de posibles enfermedades como pulgas y garrapatas.

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Momento de vacunarlo

Imposible colocarle la vacuna, previo a ser desparasitado, así que luego de esta fase, lleva el control de sus vacunas, considerando algunos parámetros a cumplir, ejemplo, el de la antirrabia, la cual es anual.

Posteriormente a la inyección, deberán trascurrir 15 días para bañar a tu mascota, sin importar el tipo de animal que sea. Tampoco es conveniente ducharlos más de una vez por mes y cuando lo haga, evite que el agua entre a los oídos, que por cierto, pueden limpiarse con hisopos de algodón o echar alcohol, siempre desde la premisa del cuidado.

Darle libertad y dejarlos vivir

A partir del tercer mes, el animal deja de a un lado la fase de mascota, o cuanto menos a vivir como tal, entonces es recomendable dejarlo caminar libre, sin ataduras, alrededor de la casa, a fin de instarlo a desarrollar inteligencia y evitar que ladre de infelicidad o tristeza, algo que igualmente podría traer repercusiones al dueño para con sus vecinos.

De igual forma, vale la enseñanza de aseo y limpieza, siempre sin el maltrato. Es clave ser constante, y enseñarle día a día, hora a hora, los modales, tal como a un bebé o niño.

En cuanto a la alimentación en los primeros años y pasados estos, nada como buscar en el mercado la comida especializada. Encontrarás diversas mezclas y marcas para escoger, siempre, teniendo la opción, de consultar con el veterinario. Si tú mismo decides cocinar, evita huesos largos de pollo, pasta, harinas genéricas y dulces.

Imposible despedir este reportaje sin invitar a la concienciación, recordando que más que nuestras mascotas, son nuestra familia; en consecuencia, no se admite ningún tipo de agresión, sino por el contrario, es muy válida su educación.

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