Andalucía: Tortugas mora sin hábitat natural

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¿Han escuchado hablar de la tortuga mora? Se trata de una especie de tortuga autóctona de Andalucía. Recordemos que las tortugas pueden ser categorizadas en 3 grupos, a saber: marinas, de agua dulce y de tierra. La tortuga mora (Testudo graeca) pertenece al último grupo y en la actualidad es considerada una especie en peligro de extinción por lo que su cuidado y protección es aún más importante. Según informaciones oficiales, serían la reducción y fragmentación de su hábitat y la comercialización de la especie, las principales razones de que ésta se encuentre en peligro de extinción.

A partir del 1 de julio de 2015 entró en vigor una reforma del Código Penal que incorpora como delito la posesión de animales protegidos en cautiverio, con penas de seis meses a dos años en prisión o multas de ocho a veinticuatro meses. Antes de esta modificación del Código Penal, se había sancionado la venta de las especies protegidas, pero no la posesión.

Ciertamente, esta reforma de la ley representa un avance en materia de protección de animales. Sin embargo, en el caso de las tortugas mora, quizás no se están tomando las medidas pertinentes en la aplicación correcta de la ley. Este caso es un ejemplo de cómo una ley que debería favorecer a los animales puede terminar siendo contraproducente por no prepararse adecuadamente considerando sus implicaciones.

Por muchos años, los habitantes de Andalucía, han tenido como costumbre tener en casa a las tortugas mora como mascotas. Esto, a pesar de que se trata de una especie protegida.

Luego de ser conocida la ley de primeros de julio, la población fue exhortada por la Junta de Andalucía a entregar las tortugas mora que tenían en cautiverio, como mascotas. Así que cientos de tortugas fueron entregadas a la Policía Autonómica o a la red de Centros de Recuperación de Especies Amenazadas. Estos centros reciben a las tortugas entregadas por sus propietarios y profesionales veterinarios se encargan de examinarlas para determinar su estado de salud. Posteriormente, se devuelven a la naturaleza a las tortugas anteriormente en cautiverio.

Es en este punto donde reside el mayor problema ya que se procedió a una entrega masiva de cientos de estos animales pero no se previó que existiese un hábitat natural lo suficientemente extenso en el cual las tortugas serían liberadas. En efecto, el hábitat natural de la tortuga de Mora se ha visto reducido dramáticamente en los últimos años. En ese sentido, hay una gran población de tortugas rescatadas en estos centros de recuperación pero que no puede ser devuelta a la naturaleza porque su hábitat natural es muy reducido para albergarlas a todos y las consecuencias podrían volver a la especia aún más vulnerable. Por otra parte, las autoridades tampoco consideraron la capacidad de los centros de recuperación. ¿Tienen realmente el espacio para recibir a todas las tortugas que sean llevados por sus propietarios?

En ese sentido, la Junta de Andalucía y el Gobierno ha debido tomar las previsiones del caso y contemplar una reserva natural lo suficientemente grande para liberar a todas las tortugas anteriormente en cautiverio. Asimismo, ha podido postergarse el proceso de entrega de las tortugas y hacerlo más bien de forma progresiva y organizada. Quizás, en este caso lo mejor hubiera sido que las tortugas permanecieran con sus propietarios mientras se les garantiza un hábitat adecuado, en lugar de que estén todas hacinadas en alguna instalación.

Aquí vemos como una medida tomada con buena intención puede tener consecuencias contrarias a las deseadas si no se toman las medidas pertinentes, que en este caso tienen que ver sobre todo con la adecuación de un hábitat para las tortugas mora.

Las últimas noticias que han circulado en torno al tema tienen que ver con la búsqueda de una zona en la Sierra de Carrasco y para albergar a las tortugas de mora y que una gran cantidad de ellas han sido llevadas a la Sierra de Cabrera. También se ha dicho que las tortugas que han separado las tortugas hembras de los machos para impedir que se reproduzcan ya que no se cuenta con una reserva para reintroducirlas a la naturaleza.

En fin que las tortugas mora han sido devueltas por sus propietarios pero su hábitat natural ha sido reducido por el impacto ambiental ocasionado por el ser humano. Este caso deja en evidencia que la protección de los animales va más allá del hecho de no maltratarlos físicamente. Muchas veces asociamos maltrato animal con daño físico. La verdad es que debemos tomar conciencia también de no alterar su hábitat natural. Cuando se afecta el medio natural en el cual vive un animal, indirectamente se le está maltratando también y se está amenazando su vida.